Dándolo todo sin pedir nada a cambio


El almendro en mi jardín está vestido de estas hermosas flores blancas. A su alrededor, sus ropajes de los días anteriores, a los que se unirá parte del vestido de hoy, volviendo así a la tierra que le dio sustento.

Hoy es el último día del mes de febrero, en el cual, siguiendo la propuesta del Naad Yoga Council, puse atención en reconocer al Raag Suhee, el del amor incondicional, en mi día a día. Estas flores hermosas me lo reflejaron: desde el amor, los brotes se abren, se entregan a desplegar toda su belleza y ofrecer su néctar a pájaros y abejas, para poco después marchitarse, caer al suelo y volver a ser tierra.

Se abren y se entregan, incondicionalmente, totalmente libres de resistencia, a la vida que les toca vivir, cómo expresión de la consciencia divina, del amor divino, que nunca nació y no morirá y que no tiene límites. En este amor divino, en el cual todo emerge, tiene lugar y razón de ser, hasta desaparecer en él, también emergemos los humanos.

En un cuerpo humano podemos llamarnos "yo", y, al igual que las flores, la consciencia vive el marchitarse de ese vehículo cuerpo que volverá a ser tierra. Tiene más tiempo de reloj para hacerlo y, en ese proceso, por varios motivos, a diferencia de las flores, la apertura y la entrega incondicional se ven limitadas por el miedo. Este es el opuesto al amor, y no el odio, ya que el miedo causa el odio.

La mayoría de los seres humanos vivimos resistiéndonos, tanto a situaciones que son distintas a lo que esperábamos serían, como a personas, de las cuales sentimos hemos de defendernos porque las denominamos diferentes a nosotr@s y por lo tanto, separadas de nosotr@s.

Hemos formado nuestra identidad a partir de vernos iguales a unas personas y diferentes de otras y, a lo largo de nuestra vida, vamos adquiriendo más y más etiquetas para definirnos y a la vez formar parte de un grupo que se identifica con las mismas etiquetas. Quienes se definen a través de otras etiquetas son aquell@s contra quienes sentimos hemos de defendernos.

A diferencia de las flores, no nos abrimos y entregamos incondicionalmente a sea quien sea la persona con la cual nos relacionamos o a sea cual sea la situación que vivamos. Amamos a alguien y a algo, que cumple con ciertas condiciones que hemos preestablecido y dejamos de amar a ese, esa mism@, si deja de cumplirlas. La mayoría de nuestras acciones resultan de las "reglas" que le hemos puesto a nuestro "juego", que son: movernos en busca del amor que nos complete, movernos siguiendo el deseo de recibir algo a cambio de algo que damos.

Rara vez acogemos abierta- y entregadamente, sin querer nada a cambio, lo que se presente. Muy pocas personas se mueven desde el amor que somos, desde el sabernos completos, desde el deseo que nace de ello: querer compartir con alguien ese amor en el que se sienten inmersos, del que saben son parte, así como saben es parte todo lo que existe. No buscan recibir nada de este compartir, no esperan absolutamente nada de él.

Ahora, que es lo único que hay, me sé escribiendo estas líneas movida desde el amor divino. No espero nada de este compartir, me siento desapegada de cualquier resultado.

Desde que es así, es pura alegría escribir en este blog, escribir posts en fb e instagram o videos y compartir flyers de lo que ofrezco. Agradecimiento profundo, felicidad y paz envuelven este acto de escribir, sentada sobre mi pelota, al escritorio, en un hogar que comparto, entre otros, con ese divino almendro en flor...

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